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jueves, 26 de julio de 2012

Arbol de Diana





He dado el salto de mí al alba.

He dejado mi cuerpo junto a la luz

y he cantado la tristeza de lo que nace.

**

sólo la sed
el silencio
ningún encuentro
cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra

**


por un minuto de vida breve

única de ojos abiertos

por un minuto de ver
en el cerebro flores pequeñas
danzando como palabras en la boca de un mudo


**


ella se desnuda en el paraíso

de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe

**



Salta con la camisa en llamas

de estrella a estrella,
de sombra en sombra.
Muere de muerte lejana
la que ama al viento.

**


un viento débil

lleno de rostros doblados

que recorto en forma de objetos que amar

**

ahora,  en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada

**

su despertar de mano respirando
de flor que se abre al viento

**

explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome

**

El poema que no digo,
el que no merezco.
Miedo de ser dos
camino del espejo:
alguien en mí dormido
me come y me bebe.

**

has construido tu casa
has emplumado tus pájaros
has golpeado al viento
con tus propios huesos
has terminado sola
lo que nadie comenzó

**

Días en que una palabra lejana se apodera de mí. Voy por esos días
sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se encanta,
se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y me
lloro en mis numerosos funerales. (Ella es su espejo incendiado, su
espera en hogueras frías, su elemento místico, su fornicación de nom-
bres creciendo solos en la noche pálida.)

**

dice que no sabe del miedo de la muerte del amor
dice que tiene miedo de la muerte del amor
dice que el amor es muerte es miedo
dice que la muerte es miedo es amor
dice que no sabe

**

he nacido tanto
y doblemente sufrido
en la memoria de aquí y de allá

**

una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos


**

alguna vez, alguna vez tal vez

me iré sin quedarme

me iré como quien se va

**


más allá de cualquier zona prohibida

hay un espejo para nuestra triste transparencia





Alejandra Pizarnik

martes, 17 de julio de 2012

Rayuela - Capitulo 93

"Pero el amor,esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitas a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (como te gusta el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado. Y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vós, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdóname...
...Sacás una idea de ahí, un sentimiento de otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: Te quiero. Total global: Te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor que sienten por sus esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque la aman, yo creo que es al vesre. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto."

                                                                                                                                              J.C





martes, 8 de mayo de 2012

Lo-cura


Hay una locura intensa
que necesita un cuerpo y una fulguración
y se desarrolla lentamente
en el tiempo
o en la eternidad de un tiempo
Y hay otra locura
periódica,
de la sangre y el alma,
que es fugaz como el sol,
que no admite desarrollo ni duración alguna en el tiempo.
Que es un llanto,
instantáneo resoplar del cuerpo,
y que sana, distante,
en un elixir que difícilmente se prueba.

L.A.S
(Guitarra Negra)

domingo, 16 de octubre de 2011

Salvación







Se fuga la isla 
                       Y la muchacha vuelve a escalar el viento,
 y a descubrir la muerte del pájaro profeta.
Ahora es el fuego sometido.
 Ahora es la carne,
 la hoja,     
la piedra. 
Perdidos en la fuente del tormento, 
como el navegante en el horror de la civilización
 que purifica la caída de la noche. 
Ahora la muchacha halla la máscara del infinito 
y rompe el muro de la poesía.

Alejandra Pizarnik

jueves, 13 de octubre de 2011

La Ventolera


                                                                                   Guayasamín


Silba el viento dentro de mí.
Estoy desnudo.Dueño de nada, dueño de nadie, ni siquiera dueño de mis certezas. 
Soy mi cara en el viento, a contraviento, y soy el viento que me golpea la cara.

                                                                                              E.G